Nueva York – La democratización de la
inteligencia artificial (IA) generativa ha otorgado a artistas y aficionados un
«poder de deidad» capaz de subvertir la realidad física y fusionar los
sentidos.
A través de la multimodalidad, nuevas
herramientas permiten crear mundos que a la par que imaginativos son
hiperrealistas, o que la música trascienda lo auditivo para transformarse en
experiencias visuales interactivas, rompiendo las barreras tradicionales.
Esta semana, Google Labs permitió a
un grupo de artistas -procedentes de campos tan diversos como la arquitectura,
la moda, el periodismo y el cine- utilizar su última herramienta de generación
de vídeo, Flow, para desarrollar cortometrajes en seis semanas.
Manipular la naturaleza
A pesar de sus distintos orígenes
geográficos y profesionales, los proyectos revelaron tendencias comunes como el
rechazo deliberado a la «perfección» digital -los artistas optaron por rostros
humanos con acné, cicatrices o dientes rotos- o la manipulación de la
naturaleza, al crear mundos donde la nieve sube en lugar de caer o la
naturaleza domina espacios cotidianos.
Lucas Ortiz, director y uno de los
participante en el proyecto, explicó en una entrevista con EFE esta nueva
relación con lo divino: «De alguna forma la IA te da como un poder de deidad.
De repente el poder manipular la naturaleza te da una sensación de asombro…
como que te atrapa el poder cambiarla».
Ortiz trabaja actualmente en el
lanzamiento de su película ‘Los Exploradores’, una obra generada por IA que
narra la historia de un creador de imágenes al que se le pide generar imágenes
del conflicto en Gaza, desencadenando una reflexión sobre la propia naturaleza
de la inteligencia artificial.
Conflicto en la industria
El artista español explica que el
proceso de crear una película con IA es completamente distinto al de crear una
cinta convencional: «Todos mirábamos a la pantalla juntos. Yo iba diciendo:
‘Esto me gusta, esto no’; el ayudante de dirección decía: ‘Ahora cortamos'»,
relata sobre un proceso que combinó tres meses de generación y tres de montaje.
Aunque el director prevé un «boom»
increíble en los procesos de CGI (imágenes generadas por computadora) y
postproducción que podría reducir costes drásticamente, «como producir un
‘Superman’ por 100 millones de dólares en lugar de 300», considera que el cine
de autor íntegramente hecho con IA todavía está lejos.
Sin embargo, el avance tecnológico no
está exento de conflictos legales y sociales. La IA fue uno de los detonantes
de las recientes huelgas en Hollywood y la industria de los videojuegos.
La película ‘The Brutalist’ fue muy
criticada después de que el editor Dávid Jancsó revelara el uso de IA
(Respeecher) para que los actores Adrien Brody y Felicity Jones sonaran más
auténticos al hablar húngaro. No obstante, Brody se hizo con un Óscar por su
actuación en la cinta.
El futuro del sonido
En el ámbito musical, el auge de la
IA ha hecho que sea difícil para el oído humano distinguir entre una canción
creada por un ser humano o por una máquina. Modelos gratuitos como Suno y Udio
son algunos de los más populares, ya que permiten crear canciones de cualquier
estilo, sobre cualquier tema y en varios idiomas.
Elias Roman, director senior de
producto en Google Labs, señala a EFE que surgirán géneros completamente
nuevos.
«Podrás convertir tu canción en un
videojuego o en un visualizador interactivo. Veremos relaciones más auténticas
donde la gente crea música para su círculo íntimo, como canciones de cumpleaños
personalizadas», explica Roman.
El gran quebradero de cabeza de estas
nuevas herramientas de IA son los derechos de autor; es por ello que muchos
modelos no permiten al usuario insertar letras de canciones o usar voces
-aunque sean las suyas- por miedo a enfrentarse a una denuncia.
«La parte técnica no es lo difícil;
lo difícil es asegurar que haya una forma responsable de hacerlo, para que si
dices que es tu voz, realmente lo sea», explica Roman.
En 2024, más de 200 artistas,
incluidos Billie Eilish, Pearl Jam y Katy Perry, pidieron a las empresas de
tecnología que dejaran de usar IA para «infringir y devaluar los derechos de
los artistas humanos». EFE

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