Solda (Italia) – El suizo Loic Meillard, campeón mundial de la disciplina
el año pasado, dio un paso más en su brllante trayectoria y se proclamó campeón
olímpico de eslalon de esquí alpino de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina
d’Ampezzo (Italia) al ganar la prueba disputada este lunes en Bormio, en la que
el catalán Quim Salarich, el único español participante, concluyó decimonoveno.
Meillard,
de 29 años, que el curso pasado se había proclamado campeón del mundo en
Saalbach (Austria) -donde capturó dos oros y un bronce-, logró este lunes el
triunfo más importante de su carrera al cubrir los dos recorridos en la pista
Stelvio de Bormio en un minuto, 53 segundos y 61 centésimas, 35 menos que el
austriaco Fabio Gstrein, que acabó segundo.
El suizo,
plata en la combinada -junto a Marco Odermatt- y bronce en el gigante, se
convirtió en otro de los triunfadores de los Juegos, de los que salió con una
medalla de cada metal.
El noruego
Henrik Kristoffersen, que finalizó a un segundo y trece centésimas, capturó la
medalla de bronce, en una prueba en la que Meillard sucede en el historial de
la prueba al francés Clement Noel, que era séptimo tras la primera manga y se
salió de recorrido tras la segunda, al igual que el noruego Atle Lie McGrath,
que lideraba la prueba tras la primera bajada.
Salarich,
nacido en Vic (Barcelona) hace 32 años, el varón que mejores resultados ha
logrado para España en la Copa del Mundo de esquí alpino desde la época de
Francisco Fernández Ochoa, el mítico ‘Paquito’ -único campeón olímpico invernal
español de toda la historia, de eslalon, en los Juegos de Sapporo’72, en Japón-,
marcó un crono de un minuto, 58 segundos y 18 centésimas, avanzó dos puestos
entre mangas, y acabó decimonoveno, a cuatro segundos y 18 centésimas del
flamante campeón olímpico.
McGrath
lideraba con claridad tras la primera manga -que Salarich acabó vigésimo
primero-, al cubrir el muy exigente primer trazado de la nevosa Bormio, en 56
segundos y 14 centésimas, exactamente 59 menos que Meillard, que era segundo; y
con 94 de ventaja sobre Gstrein, que ocupaba la tercera plaza provisional; tras
una bajada en la que se cayó Lucas Pinheiro, que había hecho historia el sábado
en estos Juegos al convertirse en el primer campeón olímpico de toda la
historia de Brasil, ganando el gigante.
Pinheiro,
nacido hace 25 años en Oslo, que empezó a competir como Lucas Braathen para
Noruega -país para el que logró los primeros cinco de sus seis triunfos en la
Copa del Mundo- y que desde hace dos lo hace para Brasil se había convertido,
asimismo, en el primer suramericano en ganar un título olímpico invernal.
Este lunes
salió a por todas, sin presión, pero tras marcar los mejores parciales en el
primer y en el segundo sector de la pista, Pinheiro se cayó pasada la mitad del
recorrido, por lo que no salió en la segunda manga. «Mi enfoque era bueno hoy;
la nieve estaba seca y había que tirar a tope, eso lo tenía muy claro. Había
que apretar al máximo, pero sin olvidarse de la técnica. Fue el típico error
con el esquí anterior, puede pasar, pero no debe. Un fallo y estás fuera»,
explicó, en zona de meta, el primer campeón olímpico invernal de toda
Sudamérica.
«Lo que me
ha pasado aquí y lo que siento no lo puedo expresar con palabras, ni siquiera
hoy. Haber ganado este oro provoca unas emociones tan grandes y tan potentes
que no se puede explicar. Pero me voy feliz y muy orgulloso»; añadió Pinheiro,
protagonista de un de los ‘bombazos’ de estos Juegos.
El
brasileño no fue el único en salirse del exigente trazado marcado por el suizo
Mauro Pini, ex técnico de Maria José Rienda -la española con más victorias en
Copa del Mundo (seis) y ahora entrenador del equipo italiano-. En la primera
bajada se quedó en el camino gente tan importante como el austriaco Manuel
Feller, el francés Paco Rassat, el finlandés Eduard Hallberg o el propio Alex
Vinatzer, italiano, para más señas. Todos ellos se habían desayunado pensando
en el podio.
Los
noruegos Timon Haugan -cuarto, a 96 centésimas- y Kristoffersen -sexto, a
1:59-, con el belga Armand Marchant entre ambos -a 1.20- estaban lejos, pero,
visto lo visto en la primera bajada, no debían arrojar la toalla antes de
tiempo.
Quim, en
sus terceros Juegos, que esquió con un casco en el que lucía la imagen de su
fallecida perra Nala, tuvo problemas en la primera manga, pero el bravo campeón
barcelonés salió sin complejos en la segunda y entró, al fin, en una
clasificación olimpica.
Algo que no
había conseguido ni en PyeongChang (Corea del Sur) hace ocho años, ni en Pekín,
hace cuatro.
Noel -que
defendía el título ganado hace cuatro años en los Juegos de Pekín- y el
austriaco Marco Schwarz, otros dos candidatos, afrontaban la segunda manga
desde la compartida séptima plaza. Muy lejos, a casi dos segundos. Pero sin
renunciar, tampoco, a nada. Después de que, de los 95 participantes, sólo 44
hubiesen acabado la primera manga.
El suizo
Tanguy Nef marcó la primera referencia buena, Noel se salió de recorrido; y al
helvético no lo mejoró nadie hasta que bajó Kristoffersen, al que no superó
Marchand.
Haugan no
bajó el crono de su compatriota; pero sí lo hizo Gstrein, que compartió el
mejor crono de la segunda manga con Meillard y se festejó la plata casi tanto
como el suizo el oro.
Con todo a
favor, McGrath cometió un error absurdo y tiró por la borda su excelente primer
acto; saliéndose de pista, antes de caminar frustrado hasta el bosque
adyacente, donde se tumbó en el suelo, en una de las imágenes de los Juegos,
rumiando su fracaso. Mostrando el lado opuesto de las sensaciones vividas por
Meillard, que capturó su novena medalla en grandes eventos. EFE