Redacción Deportes – El dominio húngaro era bien conocido en
la década de 1950 con una selección liderada por Ferenc Puskás.
Sin
embargo, el equipo se quedó a las puertas de grabar en la historia un Mundial
de idilio en Suiza 1954, donde 27 goles récord demostraron un poder goleador
que aún hoy parece inalcanzable, pero incapaz de evitar la caída en la final
ante Alemania.
Aquel
registro de 27 goles en apenas cinco partidos representa una efectividad de 5,4
por encuentro, una estadística que parece hoy alejada de la dinámica del
fútbol, pero entonces identificó al conjunto dirigido por Gusztáv Sebes, que
solía someter a sus rivales.
Evidencia
de ello fue su actuación en Suiza, donde dejó resultados de otra era: un 9-0 a
Corea del Sur y un 8-3 a Alemania en la fase de grupos, un poderío que
ilusionaba y presagiaba un desenlace dorado.
Sin
embargo, ocurrió lo que ahora es leyenda.
El llamado
‘Milagro de Berna’ contuvo la amenaza húngara en la final, dejando aquella
cifra de 27 como un monumento a la gloria inconclusa, gracias a la resistencia
alemana que significó la conquista del trofeo gracias a que el marcador cerró
en 3-2.
La
formación bávara también logró un impresionante registro goleador, con 25
tantos, pero desde entonces, el fútbol ha evolucionado hacia la sofisticación
defensiva y el equilibrio táctico, convirtiendo el área en un territorio
blindado donde cada anotación cuesta.
El cambio
que puede traer un nuevo récord de goles al Mundial Para poner en perspectiva
la magnitud del récord, basta observar a los campeones de la era moderna.
En
Sudáfrica 2010, España se coronó con apenas 8 goles en 7 partidos, mientras que
la Francia de Kylian Mbappé en Rusia 2018 alcanzó apenas los 14. Ni siquiera el
Brasil de Pelé en 1970, considerado por muchos el mejor equipo de la historia,
logró acercarse: quedó en 19 dianas.
La brecha
entre el récord de los ‘Magiares Mágicos’ y la actualidad es de 10 goles de
diferencia respecto al promedio de los últimos campeones. Esta distancia
estadística ha convertido al número 27 en un muro infranqueable para las
potencias contemporáneas, que priorizan la gestión del riesgo sobre el asedio
constante.
No
obstante, el horizonte de la Copa Mundial de 2026 presenta una oportunidad
matemática sin precedentes para amenazar este listón.
Con la
expansión a 48 selecciones, el torneo no solo aumentará su volumen de partidos,
sino que obligará a los finalistas a recorrer un camino más largo: ocho encuentros
en total para levantar el trofeo.
La ronda
adicional de dieciseisavos y el formato donde las potencias podrían cruzarse
con naciones debutantes en las primeras fases de eliminación directa, pueden
ser campo fértil para ver marcadores abultados.
Si una
selección lograra mantener un promedio de 3,5 goles por partido, estaría en
condiciones de igualar la marca de Puskás y compañía. Una cifra que sigue
siendo exigente, pero que con un partido extra en el calendario puede volver a
materializarse.
El Mundial
de 2026 será, por tanto, un laboratorio estadístico. Mientras el mundo espera
el pitido inicial, el registro de Suiza 1954 permanece como el estándar de oro
de la contundencia. Habrá que ver si alguna selección tiene la capacidad de
jubilar una marca que ha sobrevivido siete décadas. EFE





