Teherán – Ya había llegado el amanecer, pero parecía que seguía la
noche. Unas enormes y espesas nubes negras cubrían Teherán esta mañana y las
gotas que cayeron dejaban restos negruzcos y químicos.
Parecía que
llovía gasolina.
Vecinos
confundidos miraron los relojes para ver qué hora era ante la oscuridad del
día. Parecía que el apocalipsis había finalmente llegado, pero no era el
apocalipsis, era el resultado de bombardeos israelíes nocturnos contra cuatro
instalaciones de almacenamiento de petróleo y un centro de transferencia de
productos petrolíferos en las provincias de Teherán y Alborz.
Una de
ellas es el Depósito de Petróleo del Noroeste de Teherán situado en el barrio
de Shahran, donde a media mañana continuaba un fuego que emitía una columna de
humo que parecía infinita.
Allí, aún
humeaban coches y camiones cisternas calcinados. Era difícil no imaginarse a un
teniente coronel Kilgore (el personaje magistralmente interpretado por Robert
Duvall en Apocalypse Now) diciendo algo así como «Me encanta el olor a petróleo
quemado por la mañana”.
Los vecinos
de la zona no querían hablar. “No quiero meterme en problemas decían”,
comentaba uno de ellos.
Barrenderos
cruzaban un descampado frente al depósito de petróleo en llamas para limpiar
una ciudad que lleva nueve días sufriendo constantes bombardeos de Estados
Unidos e Israel, y que ahora está cubierto por restos de ceniza, producto
químico y quién sabe qué más.
Si
prácticamente llovía gasolina, ésta escaseaba en las gasolineras y las
autoridades iraníes la han racionado a 20 litros por persona al día hasta nuevo
aviso.
El objetivo
ahora de Israel y Estados Unidos es destruir las infraestructuras de la
República Islámica tras los golpes a objetivos políticos y militares. En días
pasados atacaron aeropuertos, ayer una planta desalinizadora de agua en la isla
de Qeshm, de la que dependen 30 pueblos.
En estas
circunstancias la Organización de Protección Ambiental de Irán llamó a los
ciudadanos a permanecer en sus casas ante la toxicidad y a usar mascarillas si
debían salir a espacios públicos.
En las
calles se veían esas mascarillas en una ciudad que hoy se suponía que reabría
tras los siete días de cierre oficial por la muerte el pasado sábado 28 del
líder supremo Alí Jameneí.
Y sí, había
más negocios abiertos, más allá de establecimiento de alimentación, como
tiendas de ropa y peluquerías. Pero aún lejos de la normalidad.
Ante algo
parecido al apocalipsis muchos vecinos decidieron continuar en sus casas. EFE

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