Washington.- La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump,
de atacar Irán hace dos semanas amenaza con extender sus consecuencias más allá
de la agitación económica mundial y convertirse en un bumerán para el inquilino
de la Casa Blanca cuya popularidad cae entre los estadounidenses a medida que
aumenta el precio de la gasolina a pocos meses de la elecciones de medio
mandato.
El próximo
3 de noviembre se vota la renovación de la Cámara de Representantes (435
escaños) y un tercio del Senado (unos 35) y la pérdida del control republicano
de ambas cámaras dejaría a Trump en una situación de debilidad con la
posibilidad de un «impeachment» (juicio político).
En este
contexto, además de las críticas a la intervención en Irán de parte del entorno
«trumpista» en lo que entienden como una renuncia a la promesa electoral de no
llevar a Estados Unidos a ninguna guerra exterior, se han sumado las dudas de
algunos republicanos por el momento elegido para el ataque.
Solo los
primeros seis días de ataques, ya se han cumplido dieciséis, han tenido un
coste de “más de 11.300 millones de dólares”, según informó esta semana el
Pentágono al Congreso.
Y otros
cálculos, citados por CNN, estiman que, si la campaña se prolongara dos meses,
el gasto adicional podría situarse entre 40.000 y 95.000 millones de dólares,
dependiendo de si se utilizan fuerzas terrestres y del ritmo de reposición de
municiones.
Además del
coste económico directo para las arcas estadounidenses por las operaciones
militares, el cierre del estrecho de Ormuz, por el que pasa cada día cerca del
20 por ciento del petróleo mundial, dispara la inestabilidad del precio de la
energía, aumenta la volatilidad de los mercados y despierta pesadillas
inflacionistas.
El precio
de la gasolina en Estados Unidos subió este sábado a un promedio nacional de
3,68 dólares por galón, lo que representa un aumento del 23,5 % desde el inicio
de la guerra, según la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA).
En el mismo
periodo, el precio mundial del petróleo aumentó un 40 % y el precio de la
gasolina suele ir unido a este incremento.
Antes de la
intervención en Irán, la economía estadounidense ya mostraba síntomas de
debilidad: en 2025 se creó el menor número de empleos de un año en el que no
hubiera crisis, el crecimiento económico fue menor de lo esperado, en concreto,
en el último trimestre fue la mitad de lo previsto por el cierre del gobierno y
las consecuencias de los aranceles.
La
tendencia ha continuado en 2026 y en febrero se han destruido 92.000 puestos de
trabajo, un dato que alentó las preocupaciones de los economistas.
En este
escenario, la crisis del coste de la vida («affordability», en inglés) sigue
centrando las preocupaciones de muchos estadounidenses y vuelve a entrar de
lleno en la dialéctica política como ya hiciera en las elecciones para la
alcaldía de Nueva York o la del gobierno de Virginia el pasado noviembre y que
resultaron un éxito para los demócratas.
Muchos
republicanos asisten con preocupación ahora a una posible repetición de aquella
dinámica y temen que el ataque a Irán pueda ser un elemento que lastre sus
posibilidades electorales.
Algunos
expertos como el profesor de economía de la Universidad de Ontario, Michael
Parkin, en declaraciones a EFE, asegura que no tiene dudas de que la guerra de
Irán «afectará negativamente a la economía estadounidense» y «que los
ciudadanos lo notarán directamente en sus bolsillos».
Con el
precio de la gasolina impactando en la vida cotidiana de los estadounidenses y
sin una fecha clara para marcar el fin de la intervención en Irán, la operación
militar se ha convertido en un elemento arriesgado para los intereses políticos
de Trump y los republicanos a ocho meses de las elecciones de medio mandato.
EFE

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