Tegucigalpa, Honduras.- La
producción nacional de maíz, frijol y arroz reporta un crecimiento sostenido
que consolida la seguridad alimentaria y eleva la productividad del sector
agrícola en todo el país, según informó la Secretaría de Agricultura y
Ganadería (SAG).
El director de la Unidad Técnica
de Seguridad Alimentaria y Nutricional (UTSAN), Joselino Pacheco, destacó que
“el compromiso de la presidenta Iris Xiomara Castro por garantizar alimento en
la mesa de los hondureños ha dado resultados tangibles”. Señaló que desde el
inicio de su administración se han impulsado políticas decididas que han
permitido una reducción del 12% en la vulnerabilidad alimentaria.
Pacheco explicó que esta mejora
se ha alcanzado mediante tres ejes: el impulso a la producción, la mejora en
los ingresos de los hogares rurales y el aprovechamiento de condiciones
climáticas favorables. A esto se suma —dijo— una gestión eficiente de los
recursos de la SAG, direccionados a productores que más lo requieren.
En este contexto, el Gobierno ha
fortalecido la producción de granos básicos mediante una inversión de 4,400
millones de lempiras a través del Bono Tecnológico Productivo, ejecutado por
Dicta, para dotar de insumos agrícolas a pequeños y medianos productores.
Además, el Banco Nacional de Desarrollo Agrícola (Banadesa) ha destinado 4 mil
millones de lempiras en financiamiento durante el presente año para reactivar
la producción y garantizar liquidez a los agricultores.
Los resultados ya son visibles.
La logística comercial pasó de 2.9 millones de quintales en 2022 a 3.4 millones
en 2023 y 2024, con proyecciones de 3.5 a 3.8 millones de quintales en 2025.
La producción de maíz también
mantiene su tendencia positiva: 15 millones de quintales en 2022, 16 millones
en 2023, 15.8 millones en 2024 y una estimación de 17.3 millones para 2025.
En el caso del arroz, aunque en
2024 se registró una ligera merma del 4.6% respecto a 2023, los rendimientos
aumentaron un 42.7%, con una proyección de 530 mil quintales para 2025.
Este crecimiento no solo
garantiza el abastecimiento nacional, sino que también impulsa los ingresos de
miles de familias productoras, dinamiza la economía rural y fortalece la cadena
de suministro. La adopción de prácticas agrícolas modernas, sumada a la
inversión en infraestructura y tecnología, proyecta nuevos incrementos en la
producción y mayor desarrollo económico en las comunidades rurales del país.

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