Olancho es un departamento de Honduras que resalta por tener la mayor
extensión territorial, una producción agrícola abundante y por su espesa
vegetación que es el hogar de muchas especies silvestres.
Además la amabilidad de su gente, su gastronomía y su tradicional
vino de coyol, hacen aún más atractivas la denominadas pampas olanchanas.
El vino coyol se obtiene del tallo de la palmera que lleva el mismo
nombre. Esta palmera es de mediana altura, comúnmente crece en las zonas
tropicales de América. Su fruto también se llama coyol u olivo y es una pequeña
fruta de forma esférica que contiene una almendra de la cual se puede extraer
aceite.
En honor a los coyolares, se realiza en varios municipios de Olancho el
Festival del Coyol, cuya creación data de 1980. El primer festival fue
organizado por el periodista Winston Cálix y se celebró el 6 de abril de
1980. Hace unos años se retomó y se ha desarrollado en los
municipios de Juticalpa, Capamento, Gualaco, entre otros.
Además del vino del coyol, en Olancho preparan los frutos en miel o al
quebrarlo se come la almendra que trae dentro. De ahí el famoso dicho “vivimos a
coyol quebrado, coyol comido”.
A continuación, el Soneto Los Coyolares, escrita por el poeta Olanchano Froylán Turcios. En los fértiles bosques olanchanos peinados por el céfiro sonoro, muestran, en la aridez de los veranos, los coyolares sus racimos de oro.
Erizados de fúlgidas espinas abren al sol sus palmas de verdores, desgranando,
en las horas vespertinas, lluvias ligeras de fragantes flores.
Con el hacha
vibrante el hombre arroja al vegetal sobre la pura tierra, de inútiles ramajes
le despoja y en él una oquedad abre su daga; y el delicioso líquido que
encierra con dulce ardor su corazón embriaga.

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