Madrid – Los robots humanoides han salido
definitivamente de los laboratorios para protagonizar ferias, competiciones
deportivas e integrarse en procesos de producción y se preparan para un
despliegue masivo en numerosos sectores, entre ellos el asistencial o el
sanitario, lo que los convertirá en un mercado y un negocio millonario en las
próximas décadas.
A los sensores avanzados y a las cada
vez mayores capacidades de interacción social, estos robots han comenzado a
sumar la inteligencia artificial, y los expertos se preguntan ya si está
tecnología puede ser el ‘cerebro’ que les faltaba a las máquinas para replicar
con más acierto movimientos y comportamientos humanos e integrarse en entornos
productivos, sanitarios o domésticos con fiabilidad y con seguridad.
La empresa española Pal Robotics
fabrica modelos capaces de aprender movimientos humanos y replicarlos, con
aplicaciones en la industria textil, la investigación o el ámbito sanitario;
hay máquinas que bailan, responden a preguntas o desempeñan labores de
hostelería; la multinacional BMW ha anunciado el uso de ‘androides’ en su línea
de producción; y Japan Airlines los utiliza ya para labores de carga y descarga
de equipajes en algunos aeropuertos.
Hyundai y Boston Dinamics han
diseñado modelos que operan de forma autónoma, capaces de levantar hasta 50
kilos y de funcionar en condiciones climáticas muy adversas; en China decenas
de robots han protagonizado coreografías en eventos de gran visibilidad y han
participado en pruebas deportivas; y miles de robots prestan servicio a
personas usuarias de servicios de teleasistencia y son capaces de detectar
caídas o incidentes domésticos sin sustituir a los profesionales de servicios
sociales.
Los ‘androides’ y la autonomía cognitiva
El desarrollo de los robots ya no
depende solo del hardware sino del desarrollo de una inteligencia artificial
que va a dotar definitivamente a estas máquinas de la autonomía ‘cognitiva’ que
necesitan, según los expertos, aunque advierten también de que a pesar del
acelerado ritmo de innovación y de que los costes de producción se reducen, la
adopción generalizada en entornos cotidianos todavía enfrenta desafíos éticos,
técnicos, económicos y de seguridad.
Un estudio elaborado por la
consultora alemana Roland Berger sobre los robots humanoides apunta que los
fabricantes de robótica podrían alcanzar ingresos de entre 300.000 y 750.000
millones de dólares en 2035, y que a largo plazo ese mercado podría alcanzar
hasta 4 billones de dólares, lo que le situaría en niveles comparables a la
industria automovilística.
El trabajo retrata además las
diferentes estrategias de Estados Unidos -con importantes fondos de capital y
un ecosistema de inteligencia artificial muy fuerte pero una producción todavía
limitada-, China -muy enfocada al volumen y al despliegue masivo de sus
máquinas-, y Europa -con una sólida base industrial pero con inversiones muy
inferiores-.
Sus datos revelan que China, sin
esperar a contar con una inteligencia artificial más perfeccionada y apostando
por el despliegue masivo de robots, multiplica por 30 la producción de Estados
Unidos y por 150 la de Europa, y también que los precios serán cada vez más
asequibles: entre los 8.000 dólares los robots más básicos y los 30.000 los
‘androides’ avanzados (en una proyección a 2035).
La ventaja de Europa frente a China y Estados Unidos
La vicepresidenta ejecutiva para EMEA
(Europa, Oriente Próximo y África) de la multinacional francesa Dassault
Systèmes, Florenze Verzelen, ha señalado que los robots se están convirtiendo
en una realidad industrial, pero a su juicio la verdadera carrera no gira en
torno al hardware, sino a la inteligencia artificial (los datos, la simulación
y la capacidad de entrenar sistemas en entornos de confianza) y ha asegurado
que Europa cuenta ahí con una ventaja estructural.
«La oportunidad de Europa no consiste
en replicar los modelos basados en escala de Estados Unidos o China, sino en
liderar aquello que marcará la próxima etapa: una IA soberana, fiable y de
grado industrial», ha asegurado a EFE la directiva de esta empresa,
especializada en software industrial y en el diseño de ‘gemelos digitales’ , y
ha afirmado que la IA, los gemelos digitales y la simulación pueden transformar
a los robots humanoides «en trabajadores extraordinariamente eficaces».
Por ‘trabajador perfecto’ no entiende
un robot que sustituye a las personas sino un sistema que combina la precisión
de las máquinas, la repetición incansable y el aprendizaje rápido con el
criterio y la supervisión humana y que sea capaz de asumir tareas repetitivas,
ergonómicamente exigentes o peligrosas, y ha subrayado que la verdadera
oportunidad no consiste en sustituir a las personas sino en «reasignar el
talento humano a funciones de mayor valor».
«La automatización puede ayudar a las
empresas a mantener la productividad y la resiliencia, al tiempo que mejora las
condiciones laborales y reduce la exposición a tareas extenuantes o poco
deseables», ha manifestado la responsable de esta compañía, y ha concluido que
el objetivo no es una fábrica autónoma y sin personas, sino una división del
trabajo «más inteligente», en la que los robots ejecutan las tareas repetitivas
y arriesgadas y las personas aportan criterio, flexibilidad y capacidad para
gestionar lo inesperado. EFE





